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Educar para prevenir el abuso sexual infantil

11/12/2018

 

Por la forma en que fueron educados, muchos adultos en la actualidad son incapaces de ejercer autonomía, por lo que requieren de un sistema que decida por ellos. El mismo sistema autoritario que se ha venido reproduciendo para educar, es el mismo que está presente en la dinámica del abuso sexual infantil: la obediencia.

 

¿Cuál es el hijo o la hija ideal; el alumno o alumna perfecta? Muchos dirían que aquel o aquella que obedece siempre a todo. Este es precísamente el tipo de niñas y niños más vulnerable al abuso sexual.

 

¿Qué sucede con aquellos pequeños que nunca se meten en problemas con nadie? Quienes prefieren pasar situaciones por alto, antes que denunciarlas: «¿Y si no me creen?, ¿y si me regañan?, ¿y si causo problemas? No. Mejor no diré nada». Mientras no las denuncien, estas situaciones seguirán ocurriendo.

 

Se enseña a los niños que quien tiene el poder siempre tiene la razón. No se trata de que no haya reglas o de que no exista una organización; se trata de hacer conciencia de que la imposición del adulto hacia el niño es un patrón al que se enfrenta este último durante un caso de abuso sexual.

 

El problema consiste en que a la mayoría de adultos se les dificulta establecer reglas bajo una lógica de bienestar, precísamente porque a su vez ellos fueron educados bajo una lógica distinta: una lógica de imposición. Por ejemplo: un adulto promedio puede reconocer que es importante llegar puntual a su trabajo y no poder explicar el beneficio de hacerlo, más allá de evitar un castigo o sanción.

 

Para poder cambiar esta dinámica de imposición, es necesario que el adulto actual comience a educar y establecer reglas bajo una lógica de bienestar: «Debes ponerte tus zapatos por tu salud; recoger tus juguetes por tu seguridad; guardar tu material porque necesitarás espacio para realizar la siguiente actividad».

 

Se está formando niños incapaces en diversos aspectos. Muchos padres y maestros limitan el poder de decisión del niño o niña, toda vez que son ellos quienes les dicen qué hacer, qué pensar o qué sentir ante determinada situación.

 

—¿Tienes frío?

—No sé.

—¿Y tu suéter?

—Mi mamá no me lo puso.

 

En todo caso, se está contribuyendo a la pérdida de una inteligencia corporal; una especie de intuición innata que le hace saber al niño o niña cuando se encuentra ante una situación de peligro.

 

—No quiero bañarme con mi tío.

—¿Por qué?

—Simplemente no quiero bañarme con él.

—Pues es tu tío y te bañarás con él. Obedece.

 

El cuerpo es sabio. Cuando algo anda mal, el corazón late más fuerte y los músculos reaccionan. El fomento de un pensamiento binario acaba con esta capacidad natural de los niños, toda vez que se les enseña que el mundo es bueno o es malo; es blanco o es negro. Ese pensamiento binario es el que fundamenta pensamientos como «Yo quiero ser una buena mujer». En este caso valdría preguntar, ¿cómo se supone que es una buena mujer? ¿Callada y sumisa? A la hora de enfrentar un abuso sexual, este es el tipo de mujer que será incapaz de hacer algo para evitarlo.

 

Por lo tanto, hoy se sabe que los niños y niñas que cuestionan, reflexionan y critican, son los menos vulnerables a este y otros tipo de abuso.

 

Considerando que la dependencia física y emocional, así como la obediencia a un sistema de reglas basadas en la imposición propician la vulnerabilidad, los procesos creativos son entonces una opción para la prevención del abuso.

 

Hace falta ser creativos en cuanto al tema de la prevención del abuso sexual. Creatividad literalmente es construir algo que no existe. ¿Cómo puede un padre, una madre o un maestro empezar a educar bajo una lógica de bienestar, cuando él o ella fue educado bajo un esquema de imposición?

 

Resulta indispensable que como sociedad se empiece a construir nuevos modelos, esquemas y dinámicas de educación y convivencia. Construir algo que no existe; ser creativos.

 

La creatividad genera libertad. Implica salir de los paradigmas, igual que cierto grado de desobediencia. Por ello crear puede ser considerado un acto de rebeldía. Aprender a rebelarse es aprender a crear.

 

Uno de los primeros actos de rebeldía sería cuando un padre o una madre se dirige a los suyos para decirles «Te amo. Te respeto. Pero no voy a educar a mis hijos como tú lo hiciste conmigo».

 

Los niños de hoy comienzan a cuestionar y a opinar gracias a muchos padres y madres; maestros y maestras, que han tomado la decisión de ser creativos y educar bajo una lógica de bienestar.

 

Así como en el nivel familiar, en el institucional también es necesario revelarse ante un sistema binario donde solo existe lo bueno o lo malo, para empezar a abrirse a la diversidad y a nuevas formas de apreciar, entender y hacer las cosas: «Me revelo a lo que me dices y decido hacer las cosas diferentes; me niego a reproducir la violencia».
 

 

Recomendaciones para padres de familia y maestros

 

  • Enseñar a los niños y las niñas a saludar sin que ello implique necesariamente establecer contacto físico. Ellos tienen derecho a decidir sobre su cuerpo.