• Mario Reyes Flores

Recorre Venecia con Robert Langdon



En su novela Inferno, basada en la simbología oculta en la Divina Comedia, obra clásica de Dante Alighieri, así como en los problemas de la superpoblación mundial, Dan Brown regala una maravillosa y detallada descripción de una de las ciudades más fascinantes y bellas del mundo: Venecia.

En los capítulos 68 y 69, el profesor de simbología Robert Langdon, acompañado por la doctora Sienna Brooks y un misterioso personaje, el doctor Jonathan Ferris, quien afirma pertenecer la Organización Mundial de la Salud, se aventuran en un emocionante recorrido por el Gran Canal, en busca de una valiosa pista.

Santa Lucía

La estación de tren de Santa Lucía es una elegante estructura baja, hecha de piedra gris y cemento. Fue diseñada en un estilo moderno y minimalista, y su fachada está libre de todo adorno salvo un único símbolo: unas letras FS aladas (el logotipo de la red ferroviaria nacional, Ferrovie dello Stato).

Como está localizada en el extremo más occidental del Gran Canal, los pasajeros que llegan a Venecia en tren sólo tienen que dar un paso para encontrarse completamente inmersos en el paisaje, los olores y los sonidos característicos de la ciudad.

Justo al otro lado del canal, la icónica cúpula verdigrís de San Simeone Piccolo se eleva en el cielo. Su arquitectura es una de las más eclécticas de toda Europa. La inusual y prominente cúpula y su santuario circular son de estilo bizantino, mientras que el pronaos con columnas de mármol fue claramente construido siguiendo el estilo griego del Panteón de Roma. Entrada que está coronada por un espectacular frontispicio de intrincado mármol que muestra a los santos mártires en relieve.

Pocas experiencias venecianas son tan placenteras como recorrer el Gran Canal a bordo del Vaporetto 1, el principal autobús acuático de la ciudad, y sentarse al aire libre a ver pasar las catedrales iluminadas.

Avanzando hacia el este, la enorme cúpula de la iglesia de San Geremia queda a la vista, en cuya inscripción lateral se puede leer Santa Lucía, indicando que es ahí donde se halla enterrada.

Conocida como la patrona de los ciegos, según las historias y los más de veinte cuadros de los Viejos Maestros que la representaron, Lucía era tan hermosa que todos los hombres la deseaban. Para mantener su pureza y virginidad, decidió arrancarse los ojos, los cuales ofrecía a sus pretendientes en una bandeja, con actitud desafiante: «Aquí tienes lo que tanto deseas, en cuanto a los demás, ¡os suplico que ahora me dejéis en paz!»

Sólo algunos de sus huesos permanecen en la iglesia de San Geremia. La historia de los restos de santa Lucía es una de las más extrañas de toda la hagiografía —o historia de los santos—. Al parecer, cuando la hermosa Lucía rechazó los avances de un influyente pretendiente, éste la denunció e hizo que la quemaran en la hoguera. Sin embargo según la leyenda, su cuerpo nunca llegó a arder, de modo que a sus restos se les atribuyeron poderes especiales, y se pasó a creer que quien los poseyera disfrutaría de una longevidad inusual. Por ello es que hoy en día estos se hallan repartidos por todo el mundo. Durante dos milenios, muchos líderes poderosos se hicieron con los huesos de santa Lucía con la esperanza de combatir el envejecimiento y burlar a la muerte. Su esqueleto ha sido robado, vuelto a robar, reubicado y dividido más veces que el de ningún otro santo.

La Plaga Italiana

La pequeña ciudad de apenas dos veces el tamaño del Central Park de Nueva York, alguna vez fue el imperio más grande y rico de occidente. Cuando todavía era el centro comercial de Europa, antes que la plaga la diezmara y fuese conquistada por los otomanos, y luego por Napoleón, a decir de todo el mundo no había ciudad más hermosa, y la riqueza y la cultura de su población no tenían parangón.

Irónicamente, fue el gusto por los lujos extranjeros lo que provocó su ocaso: la plaga mortal viajó de China a Venecia en las ratas que abarrotaban los barcos comerciales. La misma plaga que acabó con dos tercios de la población china llegó pues a Europa, y mató a una de cada tres personas: jóvenes y viejos, ricos y pobres, todos por igual.

Debido a la escasa o nula tierra seca de la que disponían para enterrar a los muertos, los cadáveres tumefactos flotaban por los canales. Había zonas con tantos de ellos, que hubo que usar bicheros para sacar los cuerpos del agua. Por mucho que rezaran, la ira de la plaga no parecía disminuir. Para cuando las autoridades de la ciudad descubrieron que las causantes de la enfermedad eran las ratas, ya era demasiado tarde y habrían emitido un decreto por el cual todos los navíos debían anclar cerca de la costa durante cuarenta días, antes de que se les permitiera amarrar en el puerto y descargar. Por ello el número cuarenta —quaranta en italiano— sigue siendo un sombrío recordatorio de los orígenes de la palabra «cuarentena».

El Gran Canal

A la izquierda del canal, un elegante edificio de tres pisos ostenta un alegre cartel rojo: CASINO DI VENEZIA: UNA EMOCIÓN INFINITA.

Este espectacular palacio de estilo renacentista ha formado parte del paisaje veneciano desde el siglo XVI. Antaño una mansión privada, en la actualidad alberga una sala de juegos de etiqueta famosa por ser el lugar en el que en 1883 el compositor Richard Wagner murió a causa de un ataque al corazón, poco después de terminar su ópera Parsifal.

Cada una de las góndolas de casi trece metros de eslora y unos ciento ochenta kilos de peso que recorren el Gran Canal, es piloteada por un gondolero que va de pie en la plataforma que hay a la izquierda de la popa, ataviado con su tradicional camiseta a rayas azules y blancas, y que maneja un único remo sujeto a estribor.

Si se observa un poco, se puede ver que todas se inclinan a la izquierda, algo que se debe a la asimétrica construcción del bote: el casco de las góndolas está curvado a la derecha para compensar su tendencia a escorarse a la izquierda por la propulsión desde estribor.

El ferro di prua o hierro de proa: un elemento decorativo en forma de hoz que es la única pieza metálica en todas las góndolas, tiene un significado simbólico. La forma curvada del ferro representa el gran canal; sus seis dientes, los seis sestieri o distritos de Venecia, y la hoja oblonga es el estilizado tocado del dux o dogo —cargo atribuido al magistrado supremo y máximo dirigente de las repúblicas marítimas de Venecia desde el año 726 hasta 1797, cuando fue abolido por Napoleón Bonaparte—.

Plaza de San Marcos

La Plaza de San Marcos se encuentra en el extremo sur del Gran Canal, donde la abrigada vía acuática llega al mar abierto. En esa peligrosa intersección se encuentra la austera fortaleza triangular de la Dogana di Mar —la Aduana Marítima—, desde cuya torre se vigilaba que ningún país extranjero invadiera Venecia. Hoy en día, la torre ha sido reemplazada por un enorme globo dorado y una veleta que representa a la diosa de la fortuna, y cuya dirección cambiante sirve de recordatorio de lo impredecible que es el destino.

Riva degli Schiavoni

Los visitantes de Venecia pueden experimentar la inimitable atmósfera de la ciudad en una gran cantidad de lugares. Uno de los favoritos es Riva degli Schiavoni. El amplio paseo marítimo que fue construido en el siglo IX con cieno dragado, que va desde el viejo Arsenale hasta la plaza de San Marcos.

Repleta de cafeterías, elegantes hoteles e incluso la iglesia de Antonio Vivaldi, la Riva comienza su recorrido a la altura del Arsenale —el antiguo astillero de Venecia—, donde antaño el aroma a savia de pino inundaba el aire, y los constructores de barcos se afanaban en aplicar resina hirviendo a los cascos de los botes para repararlos. Supuestamente una visita a esas bodegas inspiró a Dante la tortura de los ríos de resina hirviendo de su Inferno.

Campanario de San Marcos

Por encima de los árboles, silueteado por el cielo y coronado por un arcángel Gabriel dorado, se eleva el campanario de ladrillo rojo de la basílica de San Marcos hasta unos mareantes noventa metros.

En una ciudad donde las grandes alturas son inexistentes por su tendencia a hundirse, el elevado Campanile di San Marco sirve de faro de navegación para todos aquellos que se aventuran por el laberinto de canales de la ciudad. Con solo levantar la mirada, cualquier viajero perdido puede encontrar el camino de vuelta a la plaza de San Marcos. La torre que se observa hoy es una reconstrucción de 1912, tras el colapso de 1902 cuando esta enorme estructura se derrumbó dejando una pila de escombros en la plaza. Sorprendentemente la única víctima del desastre fue un gato.

Palacio Ducal

Al llegar a la altura de la plaza, el Palacio Ducal se alza majestuosamente a la derecha, dominando por completo el campo de visión.

El palacio es un perfecto ejemplo de arquitectura gótica veneciana, y un subestimado ejercicio de elegancia. Carece de los torreones o agujas que suelen asociarse a los palacios de Francia o Inglaterra, y está concebido en cambio como un enorme cubo rectangular que ofrece la mayor cantidad posible de metros cuadrados interiores.

Desde el mar, la inmensa fachada de piedra caliza blanca habría sido abrumadora si su efecto no hubiera sido suavizado con multitud de pórticos, columnas, lóbulos y una loggia o galería exterior techada, conformada por arcos sobre columnas.

Puente de los Suspiros

Un hermoso paisaje une al Palacio Ducal con el otro lado del canal: Il Ponte dei Sospiri —o Puente de los Suspiros—. Cuenta la leyenda que si dos amantes se besan bajo ese puente durante la puesta de sol y mientras suenan las campanas de la basílica de San Marcos, se amarán por siempre.

Sin embargo el nombre del puente tiene un origen más siniestro, ya que no se debe a los suspiros de la pasión, sino a los de la desdicha. Al parecer el pasadizo conectaba al Palacio Ducal y la prisión de la Inquisición, donde los encarcelados languidecían y morían, y cuyos gemidos de angustia resonaban por el estrecho canal.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, las celdas más aterradoras no eran las de a nivel del mar —que se inundaban con frecuencia—, sino las que se encontraban justo debajo del techo: llamadas piombi por unos tejados de plomo que tenían, que las volvían asfixiantes en verano y gélidas en invierno. De hecho el gran amante Cassanova fue prisionero en las piombi, acusado por la Inquisición de adulterio y espionaje. Se dice que tras haber pasado quince meses cautivo, se escapó seduciendo a su guardián.

Venecia recibe al año una descomunal cantidad de turistas: se estima que el tercio de uno por ciento de la población mundial, es decir, unos veinte millones en el año 2000. Teniendo en cuenta que la población de la Tierra ha aumentado en mil millones de personas, la ciudad se ve desbordada actualmente por tres millones más de turistas anuales.

Editado de

Brown, D. (2017). Inferno. Barcelona: Planeta.

Wikipedia. Inferno (novela de Dan Brown)

Recuperado de

https://es.wikipedia.org/wiki/Inferno_(novela_de_Dan_Brown)

[Consultado en noviembre de 2018]

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https://es.wikipedia.org/wiki/Dux

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Wikipedia. Campanile de San Marcos.

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Wikipedia. Logia (arquitectura).

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https://es.wikipedia.org/wiki/Logia_(arquitectura)

[Consultado en noviembre de 2018]

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